
las medidas
de la utopia
En una de las esquinas reconocemos las cúpulas hinchables de los encuentros de Pamplona, la única de sus obras que ha sido realmente publicada:

Vamos recorriendo asombrados los paneles– ‘Documentación gráfica se ha publicado poco. Del 90% de estos proyectos no se ha publicado nada. Te diría que son del año 70 y ese que ves ahí es el concurso de la Plaza de Colón, que luego la hicieron tan cutre –la propuesta muestra una macroestructura que cubre la plaza y que resulta todo lo radical que podáis imaginar– ‘Lo que propuse fue una estructura atirantada, que en los 70 todavía no se utilizaba, y entonces todo esto llega desde las Torres de Colón, cubre Serrano y se pega a la Biblioteca Nacional, todo a 28 metros de altura, que si pones un puentecito puedes entrar directamente a la cubierta, y todo cuelga de una estructura de doce mástiles prefabricados muy fáciles de hacer y ha costado dos perras, con la ventaja de que un día lo puedes desmantelar y pum, pum, pum –las onomatopeyas serán constantes en la conversación- lo desmontas todo y lo reutilizas. Hay que reutilizar, no reciclar. Aquí donde lo ves, ¡ni lo miraron! Ni siquiera lo publicaron junto al resto de propuestas del concurso.
¡Era otra de las locuras de Prada! ¡Que se le ocurren unas cosas! Y ahora no hago esas locuras, hago otras, pero poquísimas veces me he equivocado porque no se trata de ser un visionario sino de coger lápiz y papel y hacer balance‘
Nos sentamos en una de las tantas mesas que se encuentran atestadas de notas y papeles y se muestra asombrado cuando le explicamos que intentamos publicar en cada número un edificio que esté en construcción o recién terminado
‘¡Pero si ves ahora 200 obras y son todas iguales! ‘ –exclama– ‘Es una cosa que hablo mucho con los alumnos, ¿por qué hacemos los coches metal y la vivienda la tenemos que hacer de ladrillos? Si es un material de Mesopotamia y seguimos haciendo lo mismo. Tú imagínate que viene uno de otro planeta y le explicas que hay que ir poniendo una piecita encima de otra piecita; y que tardas dos años en hacer una casa como ésta, que se tendría que construir en un par de días; traer las piezas y ¡clac, clac! No tiene ni pies ni cabeza ‘
Prada tiene la conversación fluida de quien ha pensado mucho y ha tenido que explicar muchas veces lo que piensa, desgranando datos técnicos, cálculos y estudios estadísticos con la naturalidad de un niño que habla de sus juguetes.
Hablando de aberraciones estructurales pasamos al tema de la vivienda, ese lujo inaccesible para la mayoría. Prada propone una revisión total del concepto de habitar y lo justifica con datos estadísticos que sabe de memoria sobre la composición de las familias y la duración de las relaciones de parentesco.
‘Mi lema: una vivienda, un individuo. Tener una casa como quien tiene un coche. ¿Os habéis fijado en el ingenio que tienen los constructores de automóviles? Todos esos desplegables para guardar cosas, ¡y luego ves una casa y tiene las paredes más desnudas que la Chelito! En todo caso un armario empotrado’
‘Estamos muy mal organizados, nos hemos acostumbrado a cosas de escala diminuta y no nos hemos preocupado de la ciudad, pero si estuviera organizada así funcionaría que no veas. ¡Yo a esa ciudad si me apunto!’
Las referencias al mundo del automóvil serán constantes a medida que va desgranando los detalles del proyecto, y tiene razón al decir que hoy todo el mundo tiene un coche tecnológicamente sofisticadísimo y sin embargo la vivienda es inaccesible. ‘Viviendas por 18000 euros, ¿quién no tendría una vivienda por ese precio?’
Comentando con él los dibujos de Archigram, nos muestra una propuesta de vivienda con forma de oruga robotizada –La Casa Jonás– que aprende las costumbres de su habitante y es capaz de anticiparse a sus deseos e incluso buscarle amigos con los mismos gustos para formar colonias. A pesar de su aspecto futurista nos explica que está basado en la ballena bíblica que se tragó a Jonás. ‘La primera vivienda inteligente, una casa que te lleva a donde no quieres ir para hacer aquello que es tu destino’
‘No toca el suelo salvo en 12 o 14 puntos que son como grandes pilares que tienen 8×8 metros que tienen todo el transporte vertical y la ciudad nace a los 48 metros del suelo. Tienes 350 metros hasta arriba y allí en cada módulo metes un millón de habitantes. Puedes tener una ciudad de 5 millones de habitantes en un cuadrado de un kilómetro y medio de lado por 350 metros de altura, donde no hace falta coche porque la distancia máxima que tienes es de km y medio y el centro está a 500 metros‘
La lógica interna del proyecto es aplastante, y nos prepara para lo siguiente que nos muestra, una ciudad orbital para sacar a toda la población del planeta y ponerla en órbita.
‘Eso ya es el siguiente paso. Queremos menos contaminación. ¿Cuál es el problema? ¿El dióxido de carbono? ¡El problema no es ese! ¡El problema son las personas¡–se ríe– Sacas a toda la gente de la tierra y pones a 6600 millones de habitantes en órbita, y como ahí teóricamente tienes lo que tienes, si gastas más de lo que puedes, espabilas‘
Sin darnos cuentas han pasado más de dos horas y parece que podríamos estar otras tantas, así que decidimos dar por concluida esta apasionante no-entrevista. José Miguel nos despide y se queda en su ordenador planeando, quién sabe qué proyectos, probablemente construyendo una utopía mensurable en metros, kilos y euros.
A veces, cuando dormidos nos despertamos, o cuando despiertos soñamos, nos asaltan fantasmas que vienen de una región de nuestra mente difícil de definir. Estos proyectos, pensados para ser realidad aunque procedan de fuera de ella, y otros muchos que duermen en los archivos esperando despertar, ilustran en este mundo de aquí, que todo lo que pensamos y vivimos en realidad proviene de allí.
Esta es una contraimagen de la célebre Falling Water de Wright, en la que al contrario de lo que su imagen sugiere, los habitantes apenas si disfrutan de las características más notables del paisaje. Desde su interior no se ve la cascada, solo se oye su estruendo, y los altos petos de las terrazas, y los grandes aleros aíslan el interior que se independiza del paisaje. Por eso la imagen más difundida es la que muestra la casa desde fuera y desde abajo.
En nuestra réplica el agua del arroyo se desvía haciéndola circular por su cubierta que es un estanque con el fondo-techo de vidrio. El agua circula sobre las estancias e impregna la casa. La cascada cae por el frente y vuelve a recuperar el arroyo sesenta metros más abajo, por lo que su sonido amortiguado por la distancia y la vegetación apenas si sobrepasa el rumor de las hojas.
La Casa de Todos es verdaderamente de Todos, porque Todos cabemos en ella. Todos los arquitectos modernos, todos los Mies, todos los estudiantes de arquitectura que en algún momento nos hemos servido de este lenguaje, vigente en obras de este siglo, aunque nos pese. No hay espacios cerrados, pero sí ventanas rasgadas que rompen fachadas y esquinas, no importa a qué altura; pórticos sin otra función que la de continuar las estructuras existentes para enfatizar la pureza de su volumetría; altos soportales y escaleras sin barandilla que vuelan de una cota a otra; una arquitectura diáfana y desnuda al completo.
‘El espacio es lo que hay entre las cosas y yo’ (Anónimo)
La Antigüedad Clásica no contaba con el concepto de espacio como tal, el significado de las columnas en el templo no se reforzaba por el espacio que había entre ellas, sino por su propia presencia. Curiosamente, a pesar de muchas de las declaraciones en sentido contrario, gran parte de la arquitectura que se hace hoy en día, es aquella en la que predomina lo formal, lo corpóreo, la tectónica, como les gusta decir a algunos, que sigue participando de esta arcaica visión-concepción de lo espacial. Este proyecto dispone una serie de volúmenes macizos de hormigón armado cuya intención es ejemplificar una concepción espacial que, independientemente de los valores estéticos que pueda poseer, es inevitablemente primitiva.
Esta es una contraimagen de la célebre Falling Water de Wright, en la que al contrario de lo que su imagen sugiere, los habitantes apenas si disfrutan de las características más notables del paisaje. Desde su interior no se ve la cascada, solo se oye su estruendo, y los altos petos de las terrazas, y los grandes aleros aíslan el interior que se independiza del paisaje. Por eso la imagen más difundida es la que muestra la casa desde fuera y desde abajo.
En nuestra réplica el agua del arroyo se desvía haciéndola circular por su cubierta que es un estanque con el fondo-techo de vidrio. El agua circula sobre las estancias e impregna la casa. La cascada cae por el frente y vuelve a recuperar el arroyo sesenta metros más abajo, por lo que su sonido amortiguado por la distancia y la vegetación apenas si sobrepasa el rumor de las hojas.
La Casa Pirita pertenece a un clima cálido. Su piel laminar de madera manifiesta una geometría tetraédrica marcada. En el primer nivel encontramos una planta libre y abierta al exterior donde una lámina de agua sirve de motor refrigerador de la vivienda. Los soportes se adhieren a las caras del volumen. Esta casa se posiciona entre lo flotante y lo religioso.








