Se acabó el hype, se acabó estar en la cresta de la ola; ola que, según James Allan vocalista de la banda, es este álbum, la ascensión, el descenso y la rotura, en teoría porque este disco se gestó en Santa Mónica (California) tanto su escritura como su composición. Más bien es una paja mental de Allan probablemente todavía sumido en los efectos de su drogadicción; véase la pieza inicial y final, Pain Pain Never Again y Change, donde el escocés se auto-anima para dejar una vida atrás con la ayuda de su madre, literalmente porque es la voz de su progenitora la que da el discurso de consolación.

Desde el título llamativo en mayúsculas, el segundo disco de Glasvegas es más apariencia que sustancia. Flood, productor de The Killers y U2, ha tomado los mandos de la producción con fracaso, primero porque no son Brandon Flowers y compañía aunque estos también aburran a las ovejas con supositorios de sintetizador, y segundo porque no son Bono y compañía aunque estos también aburran con cortinas de humo (el pasado siempre dejó mejores cócteles molotov). Desde el segundo tema, The World Is Yours (el single), la grabación se convierte en una lenta letanía donde el muro spectoriano “amorfina”; no aportan nada nuevo respecto a su homónimo debut (2008), simplemente Allan desprende más sufrimiento personal con excesivas lágrimas (Whatever Hurts You Through The Night, título chicloso y melodía ñoña). Al menos esta pieza, 'The World', es de las pocas que se salva por una segunda parte que emociona como sus canciones de hace tres años, quizás será por ser el inicio del disco y que todavía no ha llegado el mar de lamentos.

“Cansinamente” lagrimoso, Allan se autocompadece y las melodías se hacen líneales al paso de la grabación

El paso de las piezas puede hacer perder la atención al oyente por la monotonía facturada. Se cata en piezas como Lots Sometimes y Dream Dream Dreaming que pierden el control en medio del desarrollo, insustanciales al recorrer de los segundos, o Shine Like Stars con un sintetizador cíclico que les metes ya en el campo del synth rock plastificado (¡bievenidos al mundo de los Killers!). Pese a que intentan en cada minuto ser más catárquicos que en su primer álbum, EUPHORIC simplemente son 50 minutos de codeína para cualquier ser humano. Han sido tres años turbulentos para el grupo de Glasgow, con los problemas de adicción a las drogas de su líder James Allan, y de eso han podido sacar este disco del que mínimamente salen airosos, aprobado justo. Pese a la anemia de innovación por lo menos han salido a flote y no están nadando en un mar de algas, aunque su carrera puede empezar a convertirse en eso.

Líricamente, Allan refleja toneladas de auto-compasión, intenta querer sentir el dolor de todos y todo acaba en su lagrimoso sí mismo. Se puede apreciar un buen disco triste, pero de esos viscerales, los bien expresados, no los lloricas; todo es un mar de lágrimas. El ejemplo, dedica dos canciones a la homosexualidad, Stronger Than Dirt (Homosexuality Pt. 2) y I Feel Wrong (Homosexuality Pt. 1), donde se mete en la piel de un homosexual sin decir nada en concreto; al menos en este primer ejemplo se ve una buena exploración de los sintetizadores. Una pena que una voz tan preciosamente gangosa y enorme como es la de Allan, que domina la escena y se puede comer la canción sola, acabe siendo tan melosa y agobiante al paso de una grabación.

Glasvegas
EUPHORIC /// HEARTBREAK \\\
[Sony Music]

5,25/10

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