Abandonado tras la caída del muro de Berlín, Spreepark se había convertido en un parque de atracciones fantasma, una zona pasto de leyendas urbanas de espíritus soviéticos que vagaban de un lado a otro, comidilla para adolescentes rebosantes de curiosidad. Carruseles afligidos, casetas desnudas, una noria de aspecto chirriante, el óxido era y es el gendarme de esta zona de recreo que los soviéticos construyeron en 1969 para conmemorar el veinte aniversario de la República Democrática Alemana. Spreepark fue el signo de la contrariedad: se convirtió en la convergencia de la celebración de un estado sin democracia y los pequeños halos de libertad occidental que disfrutaban aquellos niños de Alemania oriental. Las ráfagas de viento de la extensa libertad del Berlín pos-moderno reabren estos días sus puertas para acoger un festival de música.
El evento tendrá lugar este sábado y domingo, 28 y 29 de Agosto, y no es más allá que una recopilación de artistas alemanes como Tiefschwarz o Mathew Jonson, además del inglés Jamie Jones, dando al festival un carácter de clubbing para disfrutar de house, techno, dance y trance con el inagotable espíritu noctámbulo de las atmósferas berlinesas bajo el nombre de Lunaland. Las desalmadas postales de Spreepark hacen el resto. Localizado en medio del bosque de Treptow, a las afueras de Berlín en la zona de los lagos (distrito de Treptow-Köpenik), los dos días de música constituirán una etérea experiencia de viaje a una sociedad reprimida mezclado con la heterogeneidad vanguardista del Berlín de nuestros días.




