Chic de Menta: El bastón – Moda « CYAN mag: Revista digital

CHIC DE MENTA

EL
BASTÓN

Todos hemos sido jóvenes. Todos alguna vez hemos tenido una piel lisa y una mente despierta, pero para mí ya forma parte del recuerdo esa vitalidad que me caracterizaba. Los saltos con mis hermanos, las caminatas por la playa, las locuras de adolescente… Todo eso ya forma parte de un pasado demasiado lejano, y me tengo que conformar con disfrutarlo en el cuerpo de mis nietos, esos chiquitines que corretean por la alfombra de mi padre sin darle el valor que tiene, montando circuitos con coches imaginarios y persecuciones trepidantes.

Siempre imaginas cómo tiene que ser la vida desde los ojos de un anciano, pero nadie lo sabe hasta que le llega el momento de esconderse tras una piel llena de arrugas. Duele mucho. Sientes soledad en medio del jardín alegre de la vida. Nadie comprende tus charlas, tus historias ni tus valores; estás atrapado en una era que no es la tuya, sintiendo que tu momento pasó hace demasiados años, y que ahora estás perdido en medio de tanto caos.

Hoy mi nieto ha venido a mi casa. Tengo mucha suerte. En el club de ancianos hay muchas personas solas, sin familia, o con una familia que los ignoran. Yo puedo disfrutar de unos nietos que me respetan. Mi nieto es todo bondad y hoy me ha traído un regalo. Era un paquete largo, envuelto en un papel de color marrón y con un lazo enorme. Por muy orgulloso que me muestre al mundo, las emociones de los ancianos están a flor de piel, y hasta a mí, este viejo que un día fue un joven duro, me cuesta disimular una voz quebrada cuando mi nieto, sangre de mi sangre, se presenta en mi casa, abrazando con todo el amor del mundo un paquete que me quiere regalar. Lo abrí, con manos temblorosas, llena de manchas, de arrugas y de historias que contar.

Por la forma supuse que era un paraguas, pero me sorprendí al ver que se trataba de un bastón.

“Hoy, en esta butaca, puedo decir que mi vida ha sido la composición más bella que he podido crear”

‘Es para que puedas andar más rápido’. Había inocencia en sus ojos, pero sobre todo incomprensión.

Yo también había sido joven como ese niño que tenía frente a mí, y también había tenido un abuelo, pero nunca me imaginé que yo pudiera llegar a estar en el papel de anciano, sentado en una butaca y recibiendo un bastón de manos de mi nieto. Si de pequeños nos enseñaran que algún día tendremos que morir, todo sería más fácil.

El pequeño ya se ha marchado, con una sonrisa en la cara, y yo me he quedado pensando, solo como siempre, mirando desde la butaca ese bastón que me devolvía la mirada desde el pasillo.

Siempre me juré que nunca me tendría que ayudar de nada ni de nadie para seguir adelante, pero si algo me había enseñado la vida es a mirar atrás para saber qué hacer en el futuro. La vida siempre se repite. Siempre se repiten las personas, los errores. Por eso hay que leer el futuro mirando en el pasado.

Hoy, mi presente está lleno de nostalgia, pero también de felicidad, porque he conseguido un pasado del que sentirme orgulloso. Mi vida ha sido una gran composición orquestal, con sus crescendo y sus decrescendo, sus allegro y sus moderato, pero hoy, en esta butaca, puedo decir que ha sido la composición más bella que he podido crear. Mi cerebro es una gran biblioteca de sabiduría y experiencia y mi cuerpo da testimonio de un sinfín de acontecimientos. Por eso esta tarde me he levantado de la butaca y me he dirigido al bastón. Lo he cogido entre mis manos y le he dicho: ‘maldito trozo de madera, si piensas que te necesito estás muy equivocado; eres tú el que me necesitas a mí para caminar’.


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