Como el santo grial se esperaba este cuarto disco del quinteto neoyorquino cinco años después de que llegara el tercero, First Impressions Of Earth y una década tras desde aquel debut Is This It (por en medio Room On fire, 2003). La expectación de nivel mesiánico ha situado a Strokes en la polarizada tesitura de lo que es una gran banda de rock cada vez que lanza una grabación: o la amas o la odias. Así ha recibido la prensa especializada este Angles, con adoración e indiferencia, con veneración y guillotina, con éxtasis y desdén. La anemia de término medio denota un profundo estudio de cómo la actividad emocional es la base de la escritura de una crítica musical: el totemismo a Angles viene de los que son (somos) hooligans de Strokes, mientras que el ateísmo a este álbum de los que asquean la bola “fan-mediática” que han sostenido los neoyorquinos desde la revolución del álbum debut. Pero precisamente esa polaridad de sentimientos (el estar bajo la continua lupa) ya les está haciendo una de las mejores bandas de este siglo.

Y es que buceando en lo que puede ser el mínimo análisis objetivo de esta grabación nos encontramos con 35 minutos dispares, de nuevo utilizamos la palabra “polarizado”. Comienzo chispeante con una de las mejores piezas de todo el disco, Machu Picchu: la habitual tranquilidad de esta banda para manejar la ardiente línea de una canción con manos de amianto, la armonía manufacturada con suma precisión añadida con un innovador condimento rítmico que la hace más exótica pero donde el grito final feroz de Casablancas (“Life turns to dust”) queda a medio camino de sus viejos alaridos (New York City Cops). Siguen con el sencillo Under Cover Of Darkness, sin duda el reclamo más rockero de todas las piezas, single obligado por las connotaciones a su pasado más lejano tan vanagloriado. Las buenas sensaciones del inicio del álbum las cierra Two Kinds Of Happiness, un arranque ochentero da paso a sus habituales espirales de guitarra (guiños de Room On Fire) que vuelven a alternar con ese cáliz beat de los '80 en donde la guitarra permanece en silencio y Casablancas chispea su voz.

Diversidad de opiniones en este regreso de Strokes justificadas, piezas brillantes pero algún punto negro aunque el nuevo brote de inspiración es palpable

En el polo negativo, algunos temas dejan algo o mucho que desear. Puntos negros ocasionados probablemente porque facturaron el disco divididos. Mientras se grababan los instrumentos en Nueva York, Julian estaba haciendo la gira de su disco en solitario; grabó las voces aparte. Obviando las posibles ampollas que levantó eso dentro del seno de la banda, hay que añadir que la producción inicial de Joe Chicarelli fue desestimada en un 95% para que Albert Hammond Jr. tomara el mando de la mesa. Las consecuencias, poco condimento en canciones como You're So Right y la falta de un baño de azúcar en el atrevimiento de introducir los sintetizadores (principal protagonista del disco en solitario de Casablancas) por primera vez en su carrera en Games y Call Me Back, en esta última se aprecia cierta visicitud por hacer otras aportaciones vocales. Ello deja un disco incompleto, con el estómago a tres cuartos y no con el empacho que esperábamos; quizás, tras cinco años separados donde cada uno tomó las de Villadiego, es el mejor álbum posible y seguramente el paso intemedio para un quinto deslumbrante. Ellos lo saben, por eso se han apresurado a decir que el quinto está en marcha.

Pero siguen siendo Strokes. Su innegable capacidad para hilar con precisa delicadeza la sintonía, Taken For A Fool es casi la mejor pieza de toda la grabación; la guitarra de Valensi hace reconocible a los neoyorquinos con unos segundos de escucha, porque cuando escuchas Strokes sabes que es Strokes, lo sabes. Ese aroma de 'First Impressions' sigue en Gratisfaction, innovaciones en el tempo pero siguen rompiendo la cáscara del huevo en el momento adecuado (esta vez el cénit es la variada aportación vocal). Nada se escapa, un teje y maneje cuidado, la compenetración es única, son cinco piezas de puzzle perfectamente encajadas sobre una misma habitación; eso es magia. Pese a la lucha de egos que intentan eliminar, Casablancas es el líder indiscutuble, su árida voz, distorsionada en todo el álbum, su innato descaro no preconcebido y su capacidad lírica que saca los mejores flashes de toda la carrera del quinteto de Manhattan. Y la prueba es Metabolism, una canción que puede parecer uno de los puntos negros, pero fría y caliente, con esos delirios vocales ebrios de Julian; la pieza diambula, destruye, es poco apreciativa, como otras que pueden atribuirse a Strokes si no se escucha detalladamente (Ize Of The World, por ejemplo) pero es una bomba de relojería manipulada con imprudencia.

The Strokes
Angles
[Sony Music Spain]
7/10

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