Lori Meyers (foto: laboratorio clandestino)

Fiesta, qué fantástica, fantástica esta fiesta, lo cantaba Raffaela Carrá, y que me perdone la comunidad indie por ponerla en las mismas líneas que el SOS 4.8 . Un año más, asistimos a un festival en el que la fijación de los festivaleros está en la fiesta y no tanto en la música, y eso porque tenemos que empezar a hablar del corte de público que asistió, que podíamos haber empezado por el buen sabor de boca que dejó Lori Meyers en ya un avanzado estado de gestación de grupo-masa.

Me cuesta pensar que el SOS es sostenible tal como se vende, al menos al 100%, como se asegura; el porcentaje de sostenibilidad de este festival se vende como el porcentaje de zumo de naranja dentro de un envase. Sí, había mucha basura, no se me puede acusar de no haber estado en muchos festivales y, en comparación, la cantidad de insalubridad en Murcia estos días era mayor; será problema de la organización, será problema de poco diálogo con el Ayuntamiento de la ciudad o será problema de fondos del propio consistorio, pero el panorama general de los alrededores del SOS era Chernobyl, como decía un amigo mio.

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A lo que ibamos, lo musical, destacar los aciertos que tuvo el festival a la hora de elegir artistas como Yann Tiersen, tan rockero como últimamente; si nos hubieran dicho esto hace unos años –este francés es un rockero– hubiéramos pensado que el Papa era el tío más punk del mundo. Vino después Arizona Baby que nunca decepcionan en su directo; tienen esa berborrea de sus amigos Los Coronas (muchas veces se agradece que toquen simplemente y que no te cuenten la historia de su tía Avelina). Por cierto, espectaculares, resucitan a cualquier muerto, y que estos hombres sean de Valladolid, no se en que agujero de la provincia hay una acceso directo a Texas. Del resto del día, nos llegaron rumores de la buena presencia sobre el escenario de los irlandeses Two Door Cinema Club, pese a que solo tengan dos temas en el repertorio que merezcan la pena, y ya en un periodo avanzado de la madrugada, solo apto para noctámbulos, The Bloody Beetroots y Steve Aoki montaron su particular bomba con sumo cuidado, mechas, relojes, mucho material inflamable, hasta que ¡boom!.

Con el SOS 4.8 tenemos festival para rato, es un producto barato y consumible, un concepto de festival de producción en cadena y masificada

Y en estas levantarse el sábado (no dormir directamente) para esperar otro buen chute musical, esperando Suede como agua de mayo, aunque en realidad el agua en torrentes llegó al mediodía en una escena parecida a la del año pasado. Los alrededores del recinto eran un campamento improvisado de Cisjordania. Es cierto que es un festival y los festivaleros inundan y contaminan la ciudad donde se celebra el festival. Es cierto que la comunión de los festivaleros es vivir en cualquier condición durante unos días, lo que menos importa son las condiciones de vida (no quiero que nadie me acuse de pijo cuando he vivido como un vagabundo en varios festivales). Pero es cierto que eso no es Glastonbury 1970 ni Altamont 1969, es Murcia, no es campo, es Murcia con todos los respetos, un parking no puede ser un campamento improvisado. La raíz del problema es, 1. Dio la sensación que se vendieron más entradas que la edición pasada, la afluencia de gente fue brutal; 2. Que la ciudad no tiene la cobertura necesaria para acoger a tal muchedumbre de afortunadamente descerebrados fiesteros como nosotros. Conclusión, tenemos un festival barato, con mucha gente y cuyos festivaleros no tienen donde caerse muertos, es decir, un bonito producto de supermercado consumible, recomendable, obligatorio; el SOS 4.8 ha creado un nuevo concepto de festival, como esas bolsas de patatas que te quitan el hambre del momento. Yo soy más de corte festival clásico, un FIB, un Primavera Sound, pero por muchas líneas de berborrea, el festival en sí es un fiestón anual al que acudir, llegando, bajo la descripción hecha, a la categoría de rave ecléctica, porque es lo que llegará a ser, una mega-rave.

The Bloody Beetroots (foto: laboratorio clandestino)

Me vuelvo a ir por los cerros de Úbeda. El sábado, un nombre dominó todo: Suede. Los británicos se presentaban en España (única fecha) y dejaron un show deliciosamente interminable, con todos los clásicos, con los poperos al frente cantando cada himno del brit-pop, y no era un público excesivamente treinteañero entendido (que son a quienes les pilló la época). Lori Meyers confirmó que van camino de convertirse en una banda masificada, llenarán recintos más grandes, pero es su culpa, saben meterse a la gente en el bolsillo, pese a la rara ecléctica estilística que presentan (cada uno de su padre y de su madre), y han derivado a un cierto tipo de música más facilona, menos complicada y más pegadiza (si quieres evolucionar hay que actuar). Para cerrar, gran rúbica, The Zombie Kids y Tiga, mucha tralla, excesiva, reventón.

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