Smoke Fairies es el nombre que dieron estas dos inglesas, Katherine y Jessica, a esta banda que, pese a estar asentada en Londres, tiene poco de ambiente metropolitano. Los orígenes del grupo se remontan a cuando las chicas de las islas vivían en Nueva Orleans, allí hicieron un proceso de recogida de todas las influencias sureñas para facturar una música impropia de los británicos, es puro sabor yanqui tanto por las armonías blues que destapan como por el sentimiento campestre americano traducido en su primer álbum, Through Low Light and Trees. Estuvimos con ellas antes de su concierto en el Círculo de Bellas Artes de Madrid con motivo del Primavera Sound 2010, y con una inusitada amabilidad para ser de nacionalidad británica (se les ha pegado el carácter amable sureño), hablamos sobre la experiencia de su viaje por Estados Unidos y los deseos de huir al campo del caos de la ciudad.

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Vivisteis en Nueva Orleans donde encuentras la gente más amable del mundo. ¿Cómo fue la experiencia?
Nos animaban mucho a tocar. Era muy fácil encontrar gente para colaborar, la gente no juzga sino que desarrolla. Es una atmósfera única, son las personas más acogedoras y amistosas de Estados Unidos. Dejan que la música se desarrolle, que la gente empiece a tocar.

Lógico siendo donde la música nació, el jazz lo inventaron los esclavos negros allí.
Claro, éramos totalmente conscientes de donde estábamos y de lo que nos rodeábamos.

Y luego cogisteis la maleta y a viajar por el sur yanqui.
En realidad, viajamos por todo el país en autobús durante varios meses, cogimos uno de esos billetes múltiples.

¿Cómo acabasteis en Vancouver? Porque ya tocando y recogiendo esa siembra de influencias, el oeste de Canadá es algo inhóspito.
Es una ciudad muy atmosférica. Queríamos tener la experiencia de estar lejos de Inglaterra, cuando allí era de noche en Londres era de día, y Vancouver es una ciudad que invita a meterse en lo salvaje, está rodeada de zonas con mucho bosque. Simplemente, queríamos escribir canciones.

Y supongo que el icónico viaje por Estados Unidos también os invito a escribir.
Sí, es algo que tienes que hacer en la vida. Queríamos hacer ese viaje por la cultura musical americana, es en lo que queríamos realizarnos –risas-. No es lo mismo que hacerlo por Inglaterra, pero te puedes perder en tierras salvajes de igual manera, en cualquier país te puedes poner a viajar solo. Es ese tipo de sentimiento en el viaje lo que buscas.

Pero lo que recogéis en vuestra música es la pura esencia del campo americano.
Sí, son sensaciones, también tenemos mucha influencia del mar, nos criamos lejos de la ciudad aunque ahora vivimos en Londres. Nos hemos mudado ahora a la ciudad porque pasan muchas cosas, hay un montón de oportunidades, puedes conocer a mucha gente, Londres es Londres, tienes conciertos todas las noches.

¿No sentís la necesidad de dejar la ciudad y vivir en la tranquilidad del campo?
Continuamente, -risas´- pero no en Estados Unidos, nos gusta pero no somos capaz de vivir allí otra vez. Preferimos Inglaterra, volver a nuestras raíces originales. Podríamos vivir en Nueva York por una temporada aunque es demasiado agobiante. Es preferible Gran Bretaña porque nos gusta tener una mayor influencia del ambiente de allí, de la atmósfera.

¿No pensáis que vivir en la ciudad contamina vuestra música?
Cuando estás fuera todo te inspira, un árbol, el océano, la naturaleza, el campo te hace tener otro estado mental. Algún día será el de escapar a una pequeña casa en medio de la nada, y con un perro –risas-.

Los británicos sois muy particulares para la música porque creéis que la habéis inventado y no sois muy receptivos a sonidos foráneos. ¿Cómo reciben en Inglaterra este baño de armonías sureñas?
Todo está yendo bastante bien en Inglaterra porque la gente siente que también nos acercamos al folk británico además del blues americano. Intentan dejar los parámetros convencionales un poco de lado, aunque la gente está continuamente categorizando todo. No tocamos música popular.

Dos chicas, británicas, que tocan blues americano y en Nueva Orleans, cuna de la buena música yanqui. Raro y demasiados hándicaps. ¿Os habéis encontrado alguna barrera por esas condiciones?
Hay gente de todo tipo en todos lados, claro las mujeres no hacen este tipo de cosas y británicas haciendo blues fuera de su país. A veces es un poco frustrante como te miran algunos críticos demasiado convencionales, no tienen la mente abierta. Pero la experiencia de Nueva Orleans prueba lo bonito que es la música, allí no juzgaron en ningún momento ni que fuéramos británicas ni mujeres para hacer blues.

Habéis trabajado con Jack White. ¿Cómo es él?
Es una persona generosa, brillante, muy trabajadora, anima mucho, siente mucho la música, no le importa lo que tenga delante que si siente que tiene que hacerlo, lo hace. Se rige por los parámetros de la música, él se fija en el artista y no en los aspectos secundarios. Aprendimos mucho de la visión de la música que tiene en esos dos días que grabamos con él, fue una experiencia brillante.