Sentarse a escribir esta crónica es como un parto sin epidural (lo que yo me imagino aproximadamente), duele porque tienes que expulsar una criatura por un sitio muy pequeño pero sabes que es bonito, porque el resultado final lo recordarás el resto de tu vida. En Barcelona estos días, tal como está pasando en España si tienes un poco de conciencia social, hemos vivido historia; historia por todo, por la edición en sí del Primavera Sound y por las circunstancias que han rodeado al evento. Ha pasado de todo. La explosión, el frenesí y el brote de sentimientos producidos este fin de semana desbordan a cualquier festivalero, por eso, desde la primera hora que entramos en el Parc del Fòrum, y tal como se avistaba el festival que por el cartel ya era histórico, decidí dejar el bloc de notas como emergencia intestinal y perdí el bolígrafo voluntariamente, simplemente hacer fotos mentales (ayudó también bajar mi media de ingestión de bebidas espirituosas en un festival para acordarse de todo).

Jueves – Caos

Del miércoles, que no estuvimos en el Poble Espanyol, el consenso general es, Las Robertas dan descargas eléctricas, Caribou tiene un tremendo directo y Echo & The Bunnymen un tostazo. Pero claro, no es mi juicio, solo lo dejo como apunte y me resigno un poco a pensar que los de Liverpool aburran al personal. El jueves por la tarde Dios (Alá, Buddha o quien sea) puso el dedo sobre Barcelona para que comenzara a temblar la ciudad, y nunca mejor dicho, fallos de organización a lo bestia como nuestros ojos no han visto jamás en este festival, impecable siempre como Bertín Osborne de la cabeza a los pies.

En la cómoda zona de prensa (un año más), nos preguntábamos, los que queríamos empezar a escribir, que hacíamos hace más de diez años con un ordenador sin Internet delante. Creo recordar que jugar a juegos por MS-DOS y consultar los CDs de la enciclopedia Larousse. Sin wi-fi operativo durante varias horas, convictos a la nada, la opción era esperar en la lujosa área o empezar a ver algunos conciertos: Triángulo de Amor Bizarro, Cults, Sonny & The Sunsets. TAB de nuevo demostró que si les hubieran puesto en 1989 en la frontera de Alemania Occidental-Oriental habrían derribado el muro de Berlín, pero, de nuevo, insisto en que es una banda para progamarla una vez caída la medianoche.

Con el enésimo hype de Brooklyn dejándolo de paso, Cults, y esto luego me dará que hablar sobre el “atosigamiento hipster”, llegó el petardazo del día: colas del INEM para pedir una cerveza. Causa, en un afán excesivamente moderno, la organización tuvo un fallo en masa de sus sofisticados sistemas electrónicos para cobrar las bebidas en las barras; con lo cual, había que pagar en efectivo, el dinero canjeado en las tarjetas de pago no servía (como en Rascapiquilandia) y solo había dos barra abiertas. La situación: calor, una hora para pedir una cerveza, ausencia de público en conciertos y la certificación sociológica que tiran más “dos tetas que dos carretas”, alcohol antes que música.

Mientras a algunos nos daba una excusa para sacar el hacha, Of Montreal planteaba un esperpento (en el buen sentido de la palabra) de show. Disfraces, aunque estoy cada vez más seguro que es la indumentaria diaria de Kevin Barnes y compañía, mucha fiesta y un derroche brutal de actitudes y maniobras histriónicas. Los de Georgia ya no producen susto en el cuerpo porque la palabra excentricidad se queda corta para ellos: sus conciertos son la casa de la gominola de la calle de la piruleta. En el transcurso de la noche, el festival fue tomando la calma, aunque nunca fue completa, y nos llevó a perdernos algunos conciertos por esas causas (The Fresh & Onlys y The Walkmen) y por solapamiento (Sufjan Stevens, los dos días, Caribou o Das Racist). En vísperas de darnos el fiestón final de la noche, Johnny Rotten dio la sensación de estar cantando en las fiestas de mi pueblo con su nueva banda, Suicide, (no tiene donde caerse muerto en el más puro sentido de la expresión), Interpol es mejor que un Valium para quedar KO, Nick Cave es uno de los mejores artistas de los últimos treinta años y lo demostró con Grinderman y Él Mató A Un Policía Motorizado es una pedazo de banda argentina de sabor garajero pero con guiños a Los Planetas (el descubrimiento del festival).

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The Flaming Lips, ¿cómo decirlo?…Sus conciertos son fiestas de cumpleaños. Bien se podrían dedicar al negocio del entretenimiento infantil aunque con tanto UFO los niños saldrían raretes. Espectacular, bestial, jovial se queda corto, show que, para los que era la primera vez que les veíamos, nos dejamos el alma allí. Claro que llevan diez años haciendo el mismo concierto, paso por paso, canción por canción, cerrando con Do You Realize? en una deflagración repetitiva de confeti y pronunciar “Do you realize”. La fiesta ya estaba servida en plato de papel de cumpleaños y, como no llegamos a echarnos unos bailes con El Guincho, sí que se preguntaba mi consciencia sí era real que estaba escuchando mezclar Livin' On A Prayer y Since U Been Gone (de Kelly Clarkson, ganadora de American Idol hace años). Sí que era cierto, Girl Talk estaba desplegando un popurrí.

Viernes – Revolución

Nos levantamos no muy lejos de donde la #spanishrevolution intentaba ser oprimida a golpe de porra y pelotas de goma en una resistencia pacífica. Ello iba a marcar claramente el día en el PS, nunca ajeno a la situación social que está viviendo nuestro país y que siempre mantuvo informado a todos los artistas. Comenzaba nuestra tarde con Tennis, una banda de mucha cercanía por los apegos surferos pero que no considero que vaya más allá de su single; de hecho, la audiencia no supo más que apreciar cuando llegó ese momento. Se abría, además, la carpa Myspace para dar eco a los artistas nacionales (de forma menor) y he ahí el Talón de Aquiles de este festival, el poco bombo que da a las bandas españolas. Es indudable que el panorama foráneo (británico y estadounidense) nos sobrepasa, pero tenemos muy buena materia prima (cada vez más) que debería promocionarse en este tipo de eventos donde más de la mitad del público tiene pasaporte extranjero.

Se han oído algunas voces críticas sobre un producto final demasiado ñoño (el corte de las bandas), que si se está convirtiendo claramente un festival temático…; por algún lado tenían que atacar al Primavera, si algo tenemos que hacer es quejarnos pero nunca desviándonos de la conclusión final, el cartel era tan impecable como Richard Gere en Pretty Woman (la planta, no la actuación) y se tradujo en uno de los mejores festivales de la última década. Lo recordarán todos los guiris que se acercaron y propagarán aún más la voz por sus países: Primavera Sound es prácticamente el mejor festival del viejo contintente, pero dudo que alcance al ATP. Síntoma de la ñoñez fue The National, pero portando la elegancia siempre como bandera; a quien le pillara sensiblero el viernes no podía ponerle mucho remedio más que meterse alguna dosis garajera del escenario Vice Jägermeister. Después, Belle & Sebastian, irresistibles, como ese cachorro de beagle, tan simpáticos, tan alegres, tan agradables, tan joviales, tan, tan, tan, ese Stuart Murdoch tan cariñoso con el público. Dan ganas de darles un abrazo. Un concierto precioso.

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Dejo mis remilgadas maneras para ya apuntar lo que significaba el viernes en el Primavera tras las desmesuradas cargas policiales de los mossos por la mañana en Plaza Catalunya. Los síntomas de la agitación llegaron al Parc del Fòrum con pegatinas, mi camiseta de 'Juventud Sin Futuro' y una acertada pancarta de 'Spanish Revolution' haciendo alusión al Common People de Pulp que ya apareció en el concierto anterior de Belle & Sebastian y que cobró su protagonismo en el show de vuelta, tras muchos años, de Pulp. Por cierto, antes Explosions In The Sky (zzzzzzz, como me dice un amigo) algo decepcionantes, sosainas como un granjero de West Texas aunque fueron los primeros que dedicaron palabras de apoyo a la revolución que intentamos hacer aquí. Como los británicos llevaban un buen puñado de años sin tocar juntos, a Jarvis Cocker le salió la verborrea (se echaba unos buenos discursos entre canción y canción) pero acertademente aludió a lo antes mencionado, dedicar Common People (con el signficado lírico que tiene) al movimiento social que quiere un país más justo. Ni que decir tiene que el escenario San Miguel, en su momento de más reventón de los tres días, estalló de júbilo.

Sábado – Celebración

Fuerzas ya por los mínimos. La fiesta super-moderna de la revista hipster cuyo nombre no quiero acordarme, y a la que agradezco la invitación gracias  a un amigo, ya fue excesivo para mis ojos. Lo mismo me sentía desplazado. Algunos apuntan a que el despliegue trendy fue menor que otros años, no se, yo a veces pensaba que caminaba por un supuesto Marte, y no por el desierto (excesivas las masas debido a un incremento considerable de la venta de entradas) sino por lo alienígena. Había de todo, y es que no me apetece caer en las etiquetas, la gente es libre de querer ponerse un florero en la cabeza si quiere e incluso criticando yo estas poses puedo ser tachado de un hipster de los hipsters (¿un meta-hipster?) pero creo que cualquier minorista de espejos con un graduado en psicología haría un buen negocio a las puertas del recinto. Óptica es otro negocio que recomiendo a cualquier emprendedor, a falta de que el sentido del ridículo sea material, lástima.

A lo que vamos, la música, muchas camisetas del Barcelona (ah no, eso no) pero se iba a vivir un día de celebración en el Primavera Sound, la guinda del pastel. Muchos no pudieron reprimirse el paleolítico sentir futbolero que tiene este país e hicieron un descanso para la final de Champions League que ganó el Barca con merecimiento (y es que en prensa nos habilitaron un par de pantallas). Más bandas cañeras de lo normal que maquillaron esa imagen ñoña general, Papas Fritas, Kurt Vile & The Violators y unos chirriantes Swans que fueron lo único de actitud punkera en tres días. Agradables The Tallest Man On Earth con ese cariño que le tienen a España, ganas de algo más con Fleet Foxes, suena mal decir que una banda no es de festival, eso no existe y es una herejía decirlo, pero los de Seattle están más acurrucados y cálidos en una sala, y elegante, no en la fúnebre vestimenta (y eso que va de blanco) pero sí en la música, como siempre PJ Harvey. La británica destapa caricias, bocanadas de afecto, se la puede criticar por la falta de comunicación respecto al disco, pero no deja indiferente, la conclusión que extraes igualmente es que es una pedazo de artista.

Y en estas, para cerrar, Animal Collective, a algunos nos abanadonaron las vitaminas, por lo que dicen los americanos no te dejan ni fu ni fa, más bien fa fe fi fo fu. El año que viene más, el Barca ganó la Champions (y no soy del Barca) y Barcelona seguía convulsionando por todas las extremedidades.

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