Con este artículo se inicia una serie de cinco que recoge la influencia de la música rock y pop española (tanto en inglés como en castellano) en Estados Unidos y Reino Unido, tratando de explicar sus éxitos y fracasos teniendo en cuenta la evolución de la sociedad de consumo, así como la reacción de los públicos de la época.
Para dar pie a este primer capítulo, hay que viajar medio siglo atrás. A finales de la década de los 50, cuando comienza a entrar con cuentagotas en España el rock y el blues procedentes de Estados Unidos y Reino Unido, el régimen franquista no veía con buenos ojos ningún tipo de expresión artística (ya fuese literatura, pintura, música, cine…) que no se decantase del lado del dictador. Pero a partir de 1959, la autarquía en España comienza a visualizar su final para abrir camino a la creación de un Plan Nacional de Estabilización Económico.
En 1957, un grupo de tecnócratas que proceden del Opus Dei (López Rodó, Carrero Blanco, Ullastres…) logran acceder al Gobierno del caudillo para dar un giro de 180 grados a la maltratada economía española. Medidas como la liberalización -parcial- de los precios, el comercio y el tránsito de bienes vendrían como anillo al dedo a un mapa socioeconómico y empresarial que sufría un férreo marcaje efectuado por el órgano dictatorial del momento. No obstante, será en 1959, con la visita del presidente estadounidense Dwight. D. Eisenhower, cuando se puede comenzar a hablar sobre el primer resquicio de aperturismo económico y cultural hacia el extranjero.
Eisenhower, por decirlo de alguna manera, levantó el castigo al Generalísimo 20 años después del fin de la Guerra Civil, pero como todos sabemos este “reconocimiento” internacional del régimen franquista tenía sus porqués, principalmente fundamentados en la ideología anticomunista del dirigente español y la situación geopolítica de la península para que los yankis estableciesen su bases militares de cara a cualquier conflicto que pudiese derivar de las tensiones con el bloque soviético. Esto casi sale muy pero que muy caro al país en 1966, cuando varias bombas atómicas de la Armada americana caen por accidente en Palomares (Almería). En aquella ocasión, la papeleta la trata de solucionar el ministro de Información y Turismo del régimen franquista: Manuel Fraga.
Pues bien, Fraga se convertiría posteriormente en uno de los padres de la Constitución del 78, potenció sin lugar a dudas el turismo en las costas españolas y es a raíz de esta situación cuando las distintas corrientes artísticas cruzan las fronteras nacionales a borbotones. Por tanto, después de esta contextualización para muchos soporífera, se puede comenzar a hablar de la introducción del rock anglosajón en tierras patrias.
Emprenden su camino a principios y mediados de los 60 en España bandas que cantan en inglés como Los Canarios, Los Bravos y en ocasiones Los Mustang, y formaciones que se deciden por cantar en castellano, como es el caso de Fórmula V, Los Diablos, Los Brincos, Los Sírex, Pekenikes, Los Salvajes y Los Pasos entre muchos otros. Las influencias, como es obvio, proceden del otro lado del charco y del norte del Cantábrico: Elvis Presley, Los Who, Los Beatles, Rolling Stones, Small Faces, Paul Anka, Los Animals y un largísimo etcétera.
Sin embargo, el gato al agua se lo llevarán Los Bravos con su mundialmente afamado Black Is Black de su primer disco Los Bravos (1966). El tema fue un auténtico pelotazo en las listas anglosajonas, ocupando en número dos en las listas de ventas inglesas y el cuatro en las estadounidenses. Hasta la fecha, se puede decir sin miedo a equivocarnos, que con diferencia es uno de los grupos nacionales que, cantando en inglés, mejor recibimiento han tenido a lo largo de la historia musical de España. ¿Por qué? ¿Por qué ellos? Los Bravos cumplen al pie de la letra varias claves que dan lugar a su perfecta exportación a la cultura occidental: apariencia, acento, repercusión y talento. Todo se resume en estos cuatro aspectos.
La inmejorable pronunciación y el profuso carisma del cantante alemán Michael Volker Kogel, líder de Los Bravos, fue sin duda la mejor de las bazas para que el conjunto triunfara, tanto dentro como fuera del país. No puede haber a estas alturas ninguna discrepancia sobre ello. El acento y la pronunciación son primordiales para lograr que cualquier artista español conquiste al público anglosajón, y a Kogel le sobraba. Al igual que le sobraba estilo y buena planta. Gozaba de unas apariencia locuaz que no tardó demasiado en contagiar al resto de sus compañeros del grupo, después de que estos contemplaran atónitos la facilidad de levantar faldas que esa nueva imágen inducía.
Trajes psicodélicos a lo Brian Jones, pelo en pecho a lo “pseudofucker” que se contonea al ritmo del Un rayo de sol en los chiringuitos levantinos, pelo beatleliano y la explosiva mezcla hispano-teutona permitieron a Los Bravos encandilar al público anglosajón y a las jovencitas de la época. Todo ello sin quitar peso al talento y las buenas influencias que tenían todos los miembros del conjunto y, como no, el apoyo que recibieron Los Bravos del régimen franquista para que el mundo generalizase la imágen de estos cinco niños-bien en el concepto y la idea usual que tenía que tener el extranjero sobre España. Esto supuso multitud de ingresos, por tanto el régimen se volcó con ellos dándoles cobertura mediática.
¿Los Bravos tuvieron éxito por estos cuatro puntos fundamentales? Por supuesto, la iniciación de una nueva etapa franquista hacia un aperturismo que miraba fijamente a Europa y al globo entero en general, que no tendrá lugar hasta después de la muerte del dictador, benefició en ciertos aspectos al desarrollo de la música made in Spain. Las letras de muchos de estos grupos favorecían sin lugar a dudas el crecimiento de la economía española, ya fuese por turismo o por inversiones empresariales, da igual cual fue el motivo, pero la modernización industrial, tecnológica y la estampida turística del país fue sobresaliente. Canciones como La motocicleta de Los Pasos , Eva María de Fórmula V o María Isabel de Los Payos, demostraban dichos cambios, eso sí, auspiciando los valores propios del régimen de Franco.
Se introduce pues así el concepto de canción del verano. Así, poco a poco los españolitos fueron abriendose al mundo y el mundo a los españolitos en una relación que se irá estrechando poco a poco tras la muerte del caudillo en 1975. Sin embargo, la explosión de júbilo que produjeron Los Bravos a mediados de los 60, no se volvería a repetir de la misma manera.





y las fuentes??? o te lo sabias todo¿
Menuda diferencia de los bravos a los payos… impresionante. Esta clara la predisposición de los bravos a encajar con el mundo anglosajón asemejandose a sus grupos en acento y apariencia, pero los payos…vaya tela. Da la sensación de que el perrito de torrente pensó: “Ya hemos hecho como ellos para caerles bien, ahora vamos a dar nuestro toque made in spain”. De ahí que el éxito de estos grupos fuera más de cara a una cancion del verano para los españolitos, porque dudo de su éxito fuera de nuestras fronteras. En cualquier caso está claro que estamos hablando de un expansionismo y aperturismo de españa al extranjero.
Grandisimo artículo. Espero con entusiasmo el segundo. Un saludo