Pues sí, el FIB da bastante gusto por la playa, pero el Low Cost no tiene nada que envidiar. Añadirle el corte de festival urbano y que un parque aporta dos pulmones más en esta humedad mediterránea. Esta edición del Low Cost no solo va a estar marcada por la marabunta de público (todo en su justa medida hace vender todo el papel), sino porque todos y cada uno de los miembros del cartel merecen la pena. Lo podéis tachar de opinión personal, pero la realidad es que la grata presencia de bandas nacionales, todas ellas nacidas de los cavernosos escondrijos maqueteros para después ser referencia del indie nacional, es un agradable bálsamo para los que reivindicamos la música española como de alta calidad. Súmale Editors (ayer viernes), ¿en una plaza de toros? pues mejor, se sueltan más.
Y con el cuerpo dividido entre Editors y Planetas. Lo de Jota y Cía ha sido cuestión de enarbolar un concierto que se recordará por muchos años. Siempre tan apaciguados, recibiendo las críticas, palos y palos, y ha sonado aun bolo ¿de recta final? Repasando canción a canción, toda su discografía, hora y media, hasta daba tiempo subir a Editors a la Plaza de Toros (Escenario Budweiser) y comerse The Racin Rats y otros clásicos de una banda británica que empezó de la nada y es capaz de meter más de 20.00o personas en un mismo recinto. Pero los protagonistas eran ellos, los granadinos, desde ‘el Budweiser’, se palpaba, se sentía lo que staban facturando, una noche para Jota, siempre en el punto de mira, y el cierre, Un Buen Día y Pesadilla En El Parque de Atracciones de gloria final, ellos lo sabían y lo dejaron. La gente se levantó sin esperarlo, y fue en el Low Cost. Para la memoria.





