El mito es la herramienta más útil para el que el ser humano no tenga que pensar en sí mismo. Existen los seres egoístas, a puñados, y el porcentaje de la masa necesita un sustento psicológico al que admirar aunque de ello no dependa su vida. Yo caigo en mesianismo con Pixies, y en el segundo día del Primavera Sound no he hecho más que vagar por las tremendas y perfectas instalaciones del Parc del Forum de concierto en concierto esperando a la una de la mañana para que llegue la banda de Boston. Claro que hay más gustos que colores.

Charlaba con unos compañeros americanos por el reino de Alí Babá en el que vivimos los periodistas en la zona de prensa del PS sobre la rabia que nos daba tener que perdernos uno de estos shows, o Pixies o King Khan & BBQ Show. Unos porque son unos clásicos, hemos crecido musicalmente con ellos, incluso hemos crecido visionando la panza forjada a base de alimentación vegetariana de Frank Black, líder de los de Boston, por mucho que no creyéramos estar en nuestros cabales. Y el dúo canadiense porque, simplemente, no parece canadiense. Unos tipos a los que contratarles supone asegurar el escenario de incendios, inundaciones, destrucción y porque no, el seguro antivolcanes  de Peter Griffith.

Del resto mucho ruido y pocas nueces. Demasiada morralla de Brooklyn, y no quiero que se me entienda mal, muchas de esas bandas tienen una cálidad intrínseca, pero sufren de la enfermedad de la masa con el “brooklynistismo”; sin duda, Beach House ha dejado el pabellón alto en lo que se refiere a esa área.  Del resto de americanadas, las hermanas CocoRosie se han dejado ver porque les encanta el “postureo”, Spoon están en la lista de confirmados al igual que Jeff Tweddy y cía, Wilco, que nos han regalado otra lección de música que siempre nos cala a los más románticos.

¡A Pixies y que salgan los vampiros!