Delorean hace bailar a la Sala Rock Kitchen
El cuarteto español más laureado en el panorama internacional tuvo un gran recibimiento en la sala Rock Kitchen

Como era de esperar, la madrileña Sala Rock Kitchen recibió el jueves a Delorean con los brazos abiertos en el concierto promocionado por Pop & Dance Club. Con el aforo casi al máximo y una vez finalizada la actuación del dúo barcelonés Hidrogenesse, los guipuzcoanos comenzaron a montar personalmente los bártulos para hacer gozar a sus devotos. El resultado de la velada: fiasco para unos y regocijo para otros.

Todos aquellos que confiaban en disfrutar de una grato concierto se dieron de bruces con una rave improvisada. Aquello reunía todas las condiciones para ser catalogado como un auténtico guateque, eso sí, una guateque en el que no se paró de bailar toda la noche. Con Seasun la banda marcaría la luminosa senda electro-dance que dominó todo su recital, además de arrancar los primeros aplausos. La gente perseguía el buen rollo y la intuición melódica de los vascos desembocó en el maravilloso Stay Close con el que se puso rumbo a  Subiza.

Los fieles que se estaban refrescando el gaznate casi se atragantan con la temprana presencia del esperado Real Love, brazos al cielo y desparrame que no se detuvo en ningún momento con Endess Sunset (vídeo) y tampoco con Grow. El momento de apogeo desenfrenado se vivió sin discusión posible con Deli, en la que un Unai Lazcano bailaba frente a los teclados como cualquier otro miembro del respetable.

¿Cómo se pueden valorar los 60 minutos que duró la actuación?, ¿hacen mérito suficiente en directo para tener tanta repercusión mediática? Diversidad de opiniones. Es obvio que en sus trabajos de estudio se recoge el sonido más compacto y es donde  se puede apreciar la perspicacia creativa en la que se desenvuelve con soltura  la formación. Llevar a los escenarios las entrañas de sus discos no es tarea fácil (sobre todo después de un año entero dando la vuelta al globo), quizá este sea el principal motivo por el cual el directo queda relegado a un segundo plano acústicamente. La puesta en escena en Rock Kitchen fue de lo más monótona y la escasa gracia de Ehki Lopetegui (bajista y cantante) sobre las tablas hicieron la sesión bastante latosa a parte de los asistentes.

Por supuesto que el ‘efecto Pitchfork’ tiene la culpa de parte de su éxito, pero sólo en parte. Sería injusto no señalar la capacidad técnica de los aspectos más indietrónicos e innovadores del cuarteto o dejar de lado su incontrovertible dedicación que tanto frutos les ha dado a lo largo de estos diez años. No hay que crear un tupido velo entre unos defectos y unas virtudes que están vigentes no sólo en Delorean, sino en todas las bandas nacionales que cruzan las fronteras del país. A pesar de los pros y los contras que acarreó la cita del jueves únicamente se puede insistir en que Rock Kitchen se convirtió durante 60 minutos en una impresionante pista de baile, perpetuando  a Delorean una vez más como el prototipo de idealistas y renovadores de la escena ibérica.

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2 comentarios

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  1. cajadesastre dice:

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