8,5/10

No era tarea fácil aplicar continuismo a Tu Labior Superior con la misma temática pero con diferente actitud, Christina Rosenvinge lo ha conseguido. Este, el segundo disco de su renacer (el octavo en solitario de su carrera), es un mapa genético de los sentimientos y el dolor que produce la ruptura de una relación, quedando atrás la enajenación y la amargura, simplemente diciendo las cosas claras.

“Te gusta echar de menos, pero no sabes querer, te empeñas en atarte, pero luego echas a correr, si el monstruo te da miedo, ¿por qué le das de comer?”, palabras de La Noche del Incendio. Un disco transparente que reduce el odio, introduce la ironía como armadura de evasión (“otra manzana crece”), el mínimo victimismo (“no ves que triste es mi vida”) y golpea con fogosa dureza para situar las sensaciones en la realidad con el ánimo de superación (“¿quién eres tu niña loca?, muero antes que darte un beso” o “ahora tú dime que demonios hago yo aquí, ¿soy solo tu espejo o me ves a mi?”). Estos últimos versos pertenecen a Canción de Eco, la pieza que abre este álbum de supervivencia, adictivamente desgarrador pero moralmente aliviador (“amores tóxicos que hay que decir adiós”).

Christina bisbisea, canciones susurradas que penetran como un cuchillo para desangrar, el canto de sirena que es Mi Vida Bajo El Agua, otra puesta en escena de la necesidad de afrontar con fortaleza la ruptura pese a la injusticia de no seguir la coherencia del amor: “enloquecí por salvar ese amor, pero el barco hacía aguas y el barco se hundió, creía que moría en la profundidad, qué sorpresa que aprendí a bucear”. Víctima del egoísmo y confusión de la pareja, el personaje principal que retrata Rosenvinge con suma y majestuosa precisión poética entiende que la realidad sentimental perdura (sigue queriendo), pero que a la realidad objetiva hay que ponerla palabras claras, “con el verdadero amor se hacen casas de ladrillo, con esto que hay entre tú y yo solo salen estribillos” (Weekend) o “tendrás que volver a nacer para ser mi amante” (Tu Sombra).

El tino instrumental acompaña este ensayo lírico sobre la ruptura. Sin complejidades, pura precisión, cada instrumento en su línea no se come a otro. Obviamente, influye que Rosenvinge siempre se rodea de músicos de enorme talento que ha conocido en su carrera de trotamundos: Georgia Hubley de Yo La Tengo, Aurora Aroca de Boat Beam, Steve Shelley de Sonic Youth, más numerosas colaboraciones.

La grabación también se centra en temas como la nostalgia de la adolescencia, probablemente apuntando a las menores preocupaciones sentimentales que da esa época de la vida (Jorge y Yo). Pero sobre todo es un culto al lado femenino, a la feminidad, cogiendo personajes literarios en situaciones de ficción histórica, la ninfa Eco (Canción del Eco), la bíblica Eva enfrentándose a Adán (Eva Enamorada), facturando un bello tratado de la mujer incluso abordando el tema de la violencia de género (Tu Sombra) saliendo victoriosa de un terreno que hay que abordar con alfileres.

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