Por fin el trío oriundo de Gales del Norte pondrá un poco de orden al caos patente en su discografía a partir del 24 de enero con su primer largo The Big Roar. El grupo que se formó en 2007, pero no debutó hasta mediados de 2008 con el sencillo Austere, una composición muy halagüeña que tuvo el favor de público y crítica. Sin embargo los sucesivos singles -Cradle y sobre todo Whirring- fueron los que pusieron a la banda en la órbita del indie rock fanfarrón y dominante en las islas durante la segunda mitad de los 2000.
En esta coyuntura publicaron su primer mini-LP a principios del 2009 denominado A Ballon Called Moaning, acogidísimo por las revistas especializadas NME Y Pitchfork. En este trabajo se incluyen de nuevo su trío de ases (Austere, Cradle y Whirring), pero tambíen muestran una asimilación del sonido noise rock, buena prueba de ello es el retorno guitarrero de Ritzy Brian y la majestuosidad de Rhydian Daffyd, que si no fuera por su melena rubia cualquiera puede pensar que en ciertos momentos quien está tocando el bajo es Kim Deal (ex-bajista de los Pixies y Breeders); esto se aprecia bastante bien en The last drop, sin duda la mejor pista de la grabación; aunque si de parecidos físicos hablamos es la mismísima imágen de Charlotte Cooper, bajista de los Subways.
Meses después sacaron a la luz First you have to get mad, que realmente no es un álbum, más bien es el registro de un concierto en una oscura noche londinense, donde el tracklist es prácticamente el mismo que el primer mini-álbum, a excepción de un par de temas como Anemone; una canción bastante calmada pero cargada por la tensión que Matt Thomas ejerce a la batería y la excelente culminación vocal de Rhydian; o The magnifying glass, donde el carraspeo de las guitarras puede recordar a los primeros pasos del grunge.
¿Qué cabe esperar de The Big Roar? Para empezar, de las 12 pistas que conforman el trabajo, la mitad están bastante masticadas por el público. Aún no tengo claro en que momento deciden incluir en el disco canciones como Cradle o The greatest light is the greatest shade, en lugar de colocar sencillos más, por así decirlo, recientes; no con más éxito; como es el caso de Popinjay o Greyhounds in the slips. Sin embargo, aciertan claramente introduciendo I dón’t want to see you like this, ya que su rimbombante ritmo parece que está destinado a definir la grabación. A pesar de todo, el disco debe ser una auténtica filigrana de gran hedonismo, eso seguro.
Esperamos con gran espectación a que salga a la venta, además podremos asistir a la presentación del álbum en Barcelona (Sala Razzmatazz) y Madrid (Sala Moby Dick) los días 21 y 22 de febrero.






