Eugenio Recuenco se describe a sí mismo como un fotógrafo español pesado, porque siempre se empeña en hacer lo que él quiere. Sus trabajos son encargos, en su mayoría, para publicidad y editoriales en todo el mundo, que también son pesados porque siempre quieren hacer lo que a ellos les gusta.
Así se define a sí mismo Eugenio Recuenco, para nosotros, uno de los grandes fotógrafos de este país.
Después de llegar a todos los rincones del mundo, crear anuncios para las grandes marcas y tener una agenda repleta de clientes del más alto nivel, nos preguntamos qué supone esto para Eugenio. ¿Cuáles son tus metas a día de hoy? ¿Qué sueños te quedan por cumplir? Ninguno, nunca he tenido metas, me voy adaptando a lo que va saliendo por el camino. Tengo ilusiones de cosas que me apetece hacer, como una película, pero no es algo que tenga planteado. Mi meta es básicamente no quedarme estancado, cuanto más aprendes te das cuenta de que menos sabes. Y a nivel personal, ser feliz.
Háblanos de tus clientes, ¿tus obras parten de un encargo? He trabajado para muchos de los mejores, y al final te das cuenta de que todos son iguales, sólo que unos tienen más dinero que otros; unos más o menos malos, más o menos buenos… y sí, trabajo con encargos que al final hago míos. Cojo los que veo que puedo hacer una foto mía. A veces también hacemos al revés, una foto mía la vendemos para un encargo.
¿No echas de menos tener libertad a la hora de trabajar? Sí, y trato de hacer también mis propios proyectos, realmente tengo muchas más ideas de las que al final hago, muchas se quedan en el aire.
¿Quién está en tu lista de deseados para fotografiar? Me puede apetecer Karen Elson, por ejemplo, como modelo… pero solamente si es una tía guay a la que le apetece que la fotografíe yo. Es más importante que la gente esté involucrada en el proyecto que elegir qué persona participará en él.
¿Qué tienen tus modelos para serlo? Al correo electrónico nos llegan books todos los días, pero realmente con quien preferimos trabajar es con la gente que mejor se adapte y participe. Muchas veces lo hacemos con conocidos nuestros, gente del equipo, incluso mis hijos han salido en algún video. Elegimos antes el personaje y a partir de ahí al modelo; cuando no hay dinero cogemos lo que tenemos más a mano.
¿Qué siente Eugenio Recuenco, después de todo lo recogido, al ver su trabajo expuesto en una marquesina de autobús? Habitualmente nada, a veces te sorprendes porque la ves antes de cuando se supone que va ser publicada, pero nada más. Que una foto esté en una marquesina no significa que sea mejor, ni más importante. A veces la ves y te gusta, y otras veces estás deseando que la quiten ya, ¿sabes?
¿Alguna sesión favorita? Las dos últimas que he hecho me gustan, una de un banco… no me acuerdo ahora ni del nombre, y la de Rammstein para su último disco. Guardo mejor recuerdo de aquellos trabajos en los que el resultado está por encima de los medios que teníamos.
¿Recuerdas la sesión más dura? Hay muchas, porque las hay duras físicamente y duras psicológicamente. Físicamente… una que hicimos en Fuerteventura, estuvimos dos días en la playa con mucho calor y mucho aire, sin nada para refrescarnos, dormimos muy pocas horas… Y psicológicamente la última campaña de Naf Naf y una sesión que hice para Rochas. Son dos sesiones que fueron muy duras porque realmente no había un director de arte, había un pelele que no sabía lo que quería… necesito o bien que me dejen a mí, o bien que alguien dirija.
¿De cuántas personas te rodeas en cada sesión? Pues depende, muchas fotos son de viajes y suelo ser yo con otro asistente y un editor, que tiene a su vez su propio equipo; luego, casi todas las demás fotos están hechas en decorados, y la verdad es que entre la construcción de decorados, iluminación, modelos, estilistas, maquilladores, producción de retoque….puede haber unas 15 personas.
Dime una manía que tengas a la hora de trabajar. Siempre voy con ropa vieja, sea donde sea, aunque sepa que no me voy a manchar, siempre ropa vieja y gastada.
¿Desde cuándo viene esto, desde pequeño? ¡De pequeño quería jugar! Pasas de ser bombero a policía y a jugador de tenis, de fútbol… luego quise trabajar de reportero de guerra, diseñador de moda… pasé por muchas etapas, pintor, escultor, y terminé siendo fotógrafo. No sentí una vocación desde los 8 años, ni tenía una cámara desde pequeño. Cuando empecé no había internet, en cambio ahora es mucho más fácil, a los chavales les llega una cantidad de información increíble. Esto les da una cultura visual increíble, pero les resta exigencia.
¿Cómo ves la profesión de fotógrafo en España? Pues la veo bien. Es un mercado pequeñito y al ser así es más asequible en cierta medida. En Paris hay 20.000 fotógrafos y es más fácil abrirte camino, hay más oportunidades. Aquí es más pequeño y tienes menos mercado en el que entrar, pero al mismo tiempo es más fácil hacerte ver. Digamos que aquí es más difícil naufragar. Si te gusta y le pones trabajo y empeño, trabajo tienes; otra cosa es que quieras ser conocido, una estrella… eso es más complicado. Yo siempre digo lo mismo, si hubiese nacido en Nueva York, a lo mejor podría ser tan conocido como LaChapelle, pero si hubiera nacido en Marruecos probablemente estaría haciendo platos para los turistas, que es lo más artístico que podría permitirme. Tienes que intentar que tu trabajo sea bueno y que estés contento con él, independientemente de lo que te vaya a dar después. Yo nunca he hecho nada porque con eso vaya a conseguir algo o vaya a poder hacer otra cosa… que te reconozcan los demás no depende de ti.
¿Puedes adelantarnos algún proyecto que tengas en mente? Mmm… (risas, mira al editor) no, no, van surgiendo, sí me apetece hacer una película como he dicho antes, tengo guiones pero son cosas lejanas. Mis proyectos son trabajar y no estancarme, en definitiva.
¿Crees que el hecho de que una persona consiga vivir de lo que le gusta, cumplir sus sueños y llegar a donde se proponga depende de la suerte? ¿Hay que estar en el momento justo y en el lugar adecuado o es sólo cuestión de esfuerzo durante años? Todo depende de las circunstancias que le toquen a cada uno, como hablábamos antes. Si vives en Madrid tendrás unas oportunidades, si vives en Paris otras y en Nueva York otras… es verdad que puedes llegar a un punto máximo rápidamente si haces lo que otros te piden; así conseguirás ese reconocimiento del que hablábamos. Pero si de lo que se trata es de hacer algo a tu gusto y que tú elijas es más difícil y hay que trabajar mucho. Es como si te piden que hagas el color amarillo y a ti te gusta el verde; triunfarás si haces el amarillo, y te aplaudirán, pero tú mismo no estarás conforme o no considerarás tu propio triunfo hasta que no hagas el verde y consigas el reconocimiento de los demás por ello.









