Los puntos sobre las íes de Damien Hirst
Las once galerías Gagosian se rinden ante los coloristas puntos del británico Damien Hirst

El evento artístico más polémico del año comenzó el pasado 12 de enero en las once galerías Gagosian. Hablamos de la retrospectiva dedicada a Damien Hirst, un evento que devuelve al artista británico al trono de la comercialidad que tan bien ha defendido en las últimas décadas. Poco queda ya de ese estudiante de 23 años que, aparte de sorprender al mundo con su producción, logró que el arte británico volviera a brillar tras años de eclipse estadounidense. Pero ese brillo, más que estelar, fue monetario, porque Hirst, en la actualidad, se ha convertido en uno de los hombres más ricos del Reino Unido y una fuente de tópicos que consiguen que el clásico “o lo amas o lo odias” se quede corto.

Uno de los motivos por los que el flagelo de la crítica no descansa es por la propia naturaleza de su retrospectiva. En ella se exponen más de 300 obras de su multitudinaria serie de spot paintings, una vorágine de puntos de colores producidos en masa por los asistentes de Hirst, hecho que nadie niega y que tampoco parece restarle valor en el mercado. Y aunque está claro que vista una obra, vistas todas, a su favor diremos que su apuesta no difiere mucho de la manufacturación artística que fue lema de Warhol durante la mayor parte de su carrera. Hirst, sin inventar nada nuevo, nos traslada con esta maniobra de marketing a los tiempos del artista como personaje, algo que al parecer nunca falla cuando hay millones de libras en juego.

Volviendo a los tópicos, Hirst, aparte de enfant terrible, ha demostrado talento como artista atormentado, rockstar (o más bien diva) y líder espiritual de una generación de brillantes artistas, los llamados Young British Artist, un monstruo liderado por Hirst y Tracy Emin al que Charles Saatchi alimentó en sus comienzos. El idilio mercantil del publicista/coleccionista con Hirst fue uno de los más sonados de los noventa hasta su escisión, en la que Hirst, fiel a su pensar las cosas después de decirlas, le acusó de “únicamente reconocer el arte con su cartera”. Aun así, prevaleció el respeto, incluso cuando el almacén de Saatchi ardió y setenta obras de Hirst perecieron en el incendio.

Con o sin Saatchi, Damien Hirst tiene en su haber un premio Turner (1995) y numerosas obras que ya forman parte del imaginario colectivo, algunas tan icónicas como The Physical Impossibility of Death in the Mind of Someone Living, el tiburón preservado en formaldehído; o For the Love of God, el cráneo humano con 8,601 diamantes incrustados. Obras que reúnen sus principales filias, desde su obsesión por la muerte a la búsqueda de un título que no pase desapercibido. Si algo ha demostrado Hirst desde su juventud es facilidad para venderse y hacer dinero hasta con sus pinturas, vapuleadas por una crítica siempre al acecho que no dudó en hablar de “involución”, “falta de habilidad” y “obras terribles”.

Foto: Rob McKeever (cortesía de Gagosian Gallery)

En cualquier caso, más que artista o fuente de dinero, Hirst es un superviviente. Nunca conoció a su padre y a los 12 vio cómo su madre se divorciaba de su padrastro. Su acceso al mundo del arte fue complicado, con el rechazo de varias escuelas (entre ellas St. Martins) y una vez alcanzado el éxito, se dejó llevar por los excesos, teniendo a la cocaína como musa y un carácter irascible como tarjeta de presentación. Pero, como él mismo dice, “necesitas un gran ego para ser artista y lidiar con las críticas de mierda”, que no siempre lo fueron, pero sí han ido en aumento con el paso de los años. Hirst ya no cuenta con el talento de ataño, pero, en cambio, ha ido a más como empresario. Ahora puede decirse que lleva una vida equilibrada (a partir de la muerte de Joe Strummer, uno de sus mejores amigos), está felizmente casado y tiene tres hijos a los que no les hará falta nada mientras su padre siga firmando obras en las que no ha participado.

Valiente desfachatez o irónica genialidad, siempre quedará la duda. El propio Hirst asegura que no cree en los genios. Para él una cuestión de agallas y libertad, una búsqueda y un aprendizaje. “Esa es la grandeza del arte, cualquiera puede hacerlo si realmente cree en ello.

DAMIEN HIRST, "Spot Painting", 1986

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Comentarios

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  1. [...] otro artista británico podía arrebatarle a Damien Hirst la corona que su retrospectiva le ha concedido en las últimas semanas. La atención de público y crítica se concentra en un [...]

  2. Gráficos dice:

    RT @CYANmag Los puntos sobre las íes de Damien Hirst http://t.co/nn7FlzMP // Parece #moiré de imprenta, pero no lo es.

  3. cajadesastre dice:

    Los puntos sobre las íes de Damien Hirst: El evento artístico más polémico del año comenzó … http://t.co/dNS4lcrf #diseño #arte #arqu



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