Acudimos el pasado domingo 18 de octubre al madrileño teatro de La Latina (que durante muchos años perteneció a Lina Morgan) para ver La vida por delante, la obra que inaugura una nueva etapa para este mítico escenario bajo la dirección artística de José María Pou, y mientras hacemos la cola nos llama la atención un revuelo que se forma en torno a una figura menuda y graciosamente vestida que no es otra que la Duquesa de Alba con su pareja. El dato es apenas anecdótico pero una vez comenzada la función no podemos dejar de pensar en Cayetana, y no sólo por la caracterización de Concha Velasco, prácticamente un calco del look de la aristócrata, sino por el tema tratado.

La función es una larga conversación, apenas interrumpida, entre dos personajes que luchan por permanecer juntos, uno luchando contra su situación social y otro contra un tiempo vital que se acaba. No vamos a hacer una crítica de la obra, cuyo éxito durante más de un año es garantía suficiente, pero no nos resistimos a comentar el inmenso trabajo actoral de Concha Velasco, una actriz que a sus setenta años no tiene pudor para descamisarse y componer un personaje de un patetismo físico conmovedor. Precisamente el peso de una figura como Concha Velasco sobre el escenario hará que mucha gente vaya a la obra sólo para verla a ella sin conectar con el texto de Romain Gary, y otros dejen de verla por tener una idea equivocada de esta intérprete que consigue  diluirse en escena para que sea el conjunto el que brille. La media hora final es un recital de la Velasco, a medida que su personaje enloquece, y la función termina entre aplausos y bravos. Nos quedamos encantados. Y la Duquesa también.