La esencia de Val del Omar se desborda por cuatro paredes. Planta Tercera, Edificio Sabatini, Museo Reina Sofía. Allí se puede disfrutar, desde el pasado mes de octubre y hasta el 28 de febrero del próximo año, la exposición Desbordamiento de Val del Omar.

A lo largo del recorrido se pueden encontrar documentos, fotografías y vídeos de este artista granadino (1904-1982) que al igual que muchos de los considerados hoy como genios fue en su época incomprendido e infravalorado.

Es por esto que el concepto de artista queda más que justificado al hablar de Val del Omar; sería injusto etiquetarle y acotar su trabajo con una profesión determinada después de conocer su amplia obra y sus logros relacionados no sólo con las técnicas visuales del cine sino también con otras materias como la electroacústica, la investigación de nuevas tecnologías y la posible aplicación educativa de los medios audiovisuales. De esa mente inquieta surgieron las técnicas del sonido diafónico, la visión táctil y el desbordamiento apanorámico de la imagen, siendo éste el culpable del nombre de la exposición.

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La mejor prueba del extenso trabajo de Val del Omar se concentra en unos pocos metros cuadrados de esta exposición en los que el museo ha querido recrear, contando con materiales originales y máquinas aún en funcionamiento, su célebre Laboratorio PLAT, que no era sino un pequeño estudio situado en el madrileño Barrio del Pilar, donde el artista trabajó sus últimos años antes de sufrir el accidente de coche que acabaría con su vida.

De esta forma el Museo Reina Sofía ha conseguido agrupar lo mejor de una dilatada obra, delimitar más de 20 años de trabajo en varias salas, y conseguir que el a veces frío silencio de un museo de arte contemporáneo, se fusione a la perfección con un artista experimental como Val del Omar.

Ya lo decía J.W. Goethe: la locura, a veces, no es otra cosa que la razón presentada bajo diferente forma.