
Interviniendo en una antigua iglesia, los arquitectos holandeses RVarchitectuur han transformado este edificio en una vivienda familiar. Según explican, intentaron analizar la zona antes de modificar el edificio, se hicieron una idea del entorno, de los habitantes del barrio y de las construcciones de alrededor.
Una vez hecho este análisis (que ciertamente no queda claro de cuánto les sirvió), entraron en el templo para reformarlo, rompiendo por completo la estructura interior, modificando la cubierta (probablemente lo más bello que tenía el edificio antiguo) y creando tres plantas y decenas de divisiones interiores. En los párrafos siguientes analizamos el interior.



En la planta baja, más diáfana que las otras dos, crearon dos módulos de servicios para las zonas húmedas (cocina y aseo de cortesía) y liberaron el espacio creando una doble altura para poder disfrutar aunque solo fuese de un pequeño fragmento de la cubierta. Según vamos subiendo en la vivienda todo está más compartimentado, la riqueza visual se deteriora y la espacial desaparece por completo. No hay que dejarse impresionar por las fotos, los grandes ventanales y las vistas desde el exterior; en este caso es mejor centrarse en los planos para entender este asunto del espacio interior.



Si bien es cierto que cuando se diseñan viviendas el arquitecto o interiorista se ve altamente limitado por los gustos del cliente, hay que tener sumo cuidado de no caer en el destrozo de un edificio ya existente. Aún así y con todo, en las fotos del interior queda claro -al menos para nosotros- que la decoración (que corrió a cargo de los dueños de la casa) tampoco se trata de algo exquisito en lo que a gusto se refiere, por lo que probablemente la pobreza espacial esté relacionada con la personalidad de los clientes y no con el talento de los arquitectos.









