Es sabido que el proceso arquitectónico suele ser muy lento, sobre todo tratándose de edificios públicos. Pero pocas veces alcanza la duración que está teniendo la ampliación del Whitney Museum of American Art, con casi 30 años de prolongación.
Pasada poco más de una década desde la inauguración en 1966 del edificio original llevado a cabo por Marcel Breuer, los encargados del museo se plantearon una ampliación. Ya en 1978 Norman Foster realizó una propuesto informal para dicha extensión. Tras diversas versiones llevadas a cabo por Michael Graves y Rem Koolhas, el proyecto llega finalmente a manos de Renzo Piano. El arquitecto italiano realiza un primer proyecto en el solar contiguo, siendo rechazada por la conservadora asociación de vecinos del Upper East Side.
Tras años chocando contra esta asociación, el museo se plantea llevar la ampliación a un barrio más abierto e innovador. El elegido fue el Meatpacking District, donde actualmente se están realizando muchas de las mejores intervenciones de la ciudad.
Cuando parecía que todo estaba resuelto, la crisis llegó para aportar su grano de arena al culebrón Whitney. Debido al recorte presupuestario se han realizado múltiples cambios estos dos últimos años, como cambiar el material de fachada y reducir los voladizos (inspirados en el original de Breuer).
El edificio tiene la entrada en una calle estrecha y silenciosa, creando una plaza junto al High Line, que ya se ha convertido en uno de los símbolos de la ciudad.
Tal vez la obra culmen del arquitecto húngaro exiliado a EEUU, Marcel Breuer, haya pesado mucho a la hora de su ampliación, pero el hecho es que tras casi tres décadas, por fin se ve cercano el día del comienzo de las obras de la ampliación del Museo Whitney.












