François Roche es desde 1989 cofundador del estudio parisino R&Sie(n) junto a Stéphanie Lavaux. R&Sie(n) no es sino otra forma de escribir ‘hérésie’, en castellano herejía. Y heréticos es lo que son. Desde entonces mantienen una mirada despierta y no dudan en llevar a su terreno cualquier interés que les surja de no importa qué ciencia o ficción. Llevan años explorando nuevos lugares, situados entre lo orgánico, lo biológico y lo crítico, buscando desestructurar y renovar los sistemas de producción arquitectónica. Han encontrado en la inseguridad y la inquietud, la perfecta base inestable para avanzar en lo desconocido.

Entrevista

¿A qué nuevos problemas arquitectónicos somos capaces de responder gracias a las nuevas tecnologías?

Las nuevas tecnologías nos rodean, por lo que no se trata de adoptar una postura de fascinación o de rechazo hacia ellas. Estamos insertados en este periodo tecnológico en el que todo nos llega de la tecnología. No consiste en ser positivista o en adoptar esta nueva religión; es un hecho.

El término ‘tecnología’ es afortunadamente tan amplio que mantiene una continua mutación de su protoforma, de sus límites. Está absorbiendo todo como si de un monstruo de Miyazaki se tratara.

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Es imposible permanecer fuera de este enorme fantasma negro. Resulta incluso romántica la idea de que el arquitecto pueda estar fuera del mismo. Pero podemos preguntarnos cómo podríamos desalienar este hecho para producir desde el interior. Podemos encontrar la manera de envenenarlo y perturbarlo desde el interior.

‘La muerte de lo exclusivamente paramétrico tuvo lugar en el momento en que los arquitectos fueron conscientes de que no son matemáticos’

Hubo un movimiento maoísta en Francia, a comienzos de los setenta, en el que los estudiantes pararon las clases e intentaron manipular la industria del automóvil para modificar el contrato social y los sistemas de producción en masa. Así es cómo entiendo hoy la tecnología: tenemos que adentrarnos en ella para modificar las estructuras de la alienación social que se produce en los ambientes de este imperio.

Este movimiento que citaba, llamado ‘Les Etablis’ en Francia, fue abandonado por completo en 1978 alegando que se había fallado en algo. Creo que se equivocaron al no tener en cuenta el diseño de los automóviles. Rompieron las máquinas, protestaron, unas veces con violencia, otras sin ella, pero nunca integraron simultáneamente estos hechos con la modificación del diseño de los vehículos como un medio de desalienación. El diseño puede expresar estas relaciones y modificarlas políticamente.

¿Te reconoces en algún aspecto de tu trabajo con los conocidos Archigram?

Esta comparación es un halago para mí, teniendo en cuenta el contexto arquitectónico internacional. Hay que dejar de lado la resignación que nos produce el Premio Pritzker a día de hoy. La nueva arquitectura internacional es una catástrofe. Sus arquitectos están cegados y son incapaces de escuchar; repiten sus mismos valores sin ninguna actitud crítica o investigación, sin ni siquiera adoptar una actitud interesante. Hay que quemar el Premio Pritzker definitivamente, pero hay que conservar a Renzo Piano, por algún motivo que desconozco. Es una especie de ‘héroe’ (risas).

Es difícil reinterpretar lo que ha ocurrido desde los sesenta hasta hoy y sacar provecho de esta herencia, a la vez que pasar página con esta generación del ‘baby-boom’, sin llenarnos de una falsa radicalidad. Declararse a uno mismo radical o experimental es insignificante, no tiene ningún sentido.

Lydia Kallipoliti, en su libro titulado ‘Eco Redux’, intenta hacer una relectura de los sesenta y setenta en términos de producción y procesos operativos. Trata de regenerar la resistencia en la producción que caracterizó a estas décadas que desarrollaban diseño e ideología al mismo tiempo.

Resulta interesante el que el Marxismo, en términos filosóficos, esté regresando. Filósofos como Toni Negri, Žižek, Agamben, reconsideran ahora analizar y hacer crítica del capitalismo posterior al desarrollo de los sistemas de comunicación

Regresando a Archigram, no podemos negar la capacidad de la utopía o de la ideología como herramientas transformadoras.

En estos últimos años, el desarrollo de software cada vez más específico y de mayor potencia se ha traducido en una tendencia arquitectónica basada en el manejo voraz de herramientas digitales de diseño que se han llegado a considerar la solución definitiva. ¿Ha muerto la corriente del diseño paramétrico? ¿Llegó a estar viva en algún momento?

Está muerta en cuanto a que ya no se utiliza como herramienta única en el proceso productivo, por lo que ha dejado de ser un recurso sistemático y carente de lugar para convertirse en una herramienta más abierta y de uso parcial.

Esta muerte no ocurrió hace mucho. Tuvo lugar en el momento en que los arquitectos fueron conscientes de que no son matemáticos; cuando las escuelas de arquitectura que lo llevaban a la práctica llegaron a una zona asintótica en la que no dejaban de repetir los mismos procesos. Lo paramétrico murió cuando los arquitectos llegaron a un nivel que no podían rebasar.

Nosotros empezamos a trabajar con ordenadores en torno a 1990-1995, y reivindicamos que el arquitecto debe trabajar a pie de teclado para descubrir la herramienta. Pero últimamente estoy volviendo a pensar que acarrear todo el conocimiento sobre computación es insignificante en un ámbito de cultura global. Acarrear con él implica un desconocimiento de todo lo demás, que se encuentra fuera del ordenador.

Si consideramos a los arquitectos en el campo de la inteligencia, nuestra posición está referida, no sólo a la computación sino también a la reinterpretación de la complejidad de la sociedad en un amplio espectro, en el que los ordenadores ocupan una parte.

Water flux

¿Está esta muerte relacionada con una carencia de traducción espacial por parte de estos sistemas?

Tiene que ver también con el hecho de que se convirtieran rápidamente en una fascinación por la mímetización de los fenómenos. Hemos descubierto ahora, en este periodo posterior a lo paramétrico, que el interés de los mismos reside en su mímesis y no en su mímica; en investigar la entropía, las causas de crecimiento, las incertidumbres sobre la forma y qué las produce, etc. Es un tema más complejo que el considerar únicamente la mímica de la geometría, lo que resulta siempre en un sistema altamente reductivo.

‘Es peligroso entrar en la adicción del programador’

Es importante reactivar el vitalismo de los fenómenos y evitar verlos mediante una relación puramente positivista en la que todo puede ser descrito con topología o matemática reiterativa. Hay que poner en práctica la recursividad de las matemáticas, que va más allá de la axialidad de los sistemas lineales en ‘x’ e ‘y’. Esta matemática incluye las variables del “puede” y del “quizás” y sus consecuencias.

¿Y qué harán ahora las escuelas como la Architectural Association (AA)?

Bueno, el DRL (Design Research Laboratory) de la AA sigue trabajando estas herramientas, al igual que lo hace la Universidad de Columbia, lo cual es importante para los alumnos en cuanto a que aprendan a manipular las herramientas.

Por otro lado, es peligroso entrar en la adicción del programador. Si recuerdas la película ‘Tron’, la enfermedad del programador reduce el mundo físico y sensible existente en una mera línea algorítmica. Los programadores necesitan hacer el amor; estar en contacto con la carnosidad de este mundo convulsivo y contradictorio.

Refugiarse en los ordenadores es peligroso e improductivo. Los geeks y su papel en los estudios de arquitectura están completamente sometidos y muy mal pagados. No sólo su trabajo sino también su posición, ya que no son considerados nunca en la toma de decisiones reales, como si fueran parte de una cadena de producción.

Algunos arquitectos como Andrés Jaque afirman que ‘ecologizar no es verdear’. ¿Podríamos cambiar el color del monstruo verde de algunos de tus proyectos y conservar su faceta ecológica?

Ecología es una palabra de la que hemos abusado, sobretodo en Francia y España. Uno de nuestros proyectos, llamado ‘Dustyrelief’, se basa en el elevado nivel de contaminación de la ciudad de Bangkok. Pretendíamos reconstruir esta condición y utilizar la tecnología para atrapar la contaminación en la envolvente del edificio mediante electricidad. En ese caso, el monstruo no es verde, sino gris.

Es evidente que la fotosíntesis produce colores verdes a nuestro alrededor y quizá soy más dado a usar esos colores, pero no utilizo el monocromo. Reducir la apreciación de un todo sólo a su color resulta insignificante, no nos dice nada. El verde no es verde, puesto que podría aparecer de fuentes o motivos completamente dispares, desde lo político a lo cultural.

Si fueras una termita, pero no una cualquiera sino una rica, ¿construirías y deconstruirías tu hábitat físico diariamente para obtener unas condiciones higrotérmicas óptimas o instalarías aire acondicionado? ¿Hemos contribuido los arquitectos con la elaboración de un concepto de confort que se aleja de lo sostenible?

Esta pregunta es perversa. Me gusta.

Lo que resulta interesante en las termitas es el control higrotérmico de la cámara de la reina para posibilitar la supervivencia de las larvas y su desarrollo posterior. Debido a esta necesidad abren y cierran puertas continuamente; modifican la porosidad de la cámara para controlar la entrada de aire.

Como son ciegas, utilizan un sistema de localización basado en la disposición de feromonas a lo largo de sus recorridos. Y cuando creen haber construido un muro, lo que han hecho ha sido construir un pasado reciente que se materializa en esos caminos de feromonas. De esto emerge una geometría muy interesante.

En cuanto al aire condicionado, depende de la zona geográfica que consideremos, pero creo que la clave está en la combinación de este sistema con la ventilación natural. Los requisitos de la instalación de aire acondicionado convierten el espacio en bunkeres herméticos. Si quisieramos abrirlos en algún momento, no nos gustaría sufrir por ello. En mi opinión, tenemos que forzar un poco la porosidad e intentar ‘desbunkerizar’ los espacios, pero necesitamos cambiar la tecnología actual para ello.

En tus conferencias sueles hablar sobre las herramientas narrativas y las de producción, ¿cómo podemos diferenciar unas de otras?

Estás confundiendo la narración con los sistemas de comunicación. Tenemos que usar estos sistemas como vectores que dirigen la narración; y la vectorización de las fuentes de información como una herramienta arquitectónica en la que nos tenemos que expertizar.

Necesitamos combinar la herencia de las corrientes culturales y aproximarnos a las culturas populares utilizando la narración como un medio de expresión de las mismas.

Francois Roche