Historias como esta se ven y oyen todos los días. Amigos de la escuela que trabajan bien juntos, alquilan un estudio para superar juntos el trago del PFC, lo acaban y comienzan a presentarse a concursos, por supuesto en los ratos libres que les deja el trabajo en estudio, necesario para mantener la independencia. Los protagonistas en este caso son Mauro Bravo, Marina del Mármol, Miguel Herráiz y Daniel Bergman, junto con Michael Becker en los comienzos. Experiencias en el extranjero con el programa Erasmus, los orígenes de algunos de ellos (Chile, Finlandia y Alemania), propuestas de algunos para el Europan; actividades paralelas como un grupo de arte multidisciplinar, para la realización de instalaciones efímeras, con el nombre de Nexatenaus; campaña de publicidad para el reciclaje en Mallorca con el nombre de Mundo Naranja. Todas estas experiencias los unieron y los formaron. En 2006 “fundaron” su estudio y, a partir de aquí, es donde empieza la parte de la historia menos común.
Al poco tiempo de empezar, y tras participar en sus primeros concursos, Marina recibió una llamada. Era la Empresa Municipal de la Vivienda y el Suelo de Madrid (EMVS) y la noticia era el primer premio en el concurso de 46 viviendas en el Ensanche de Vallecas. De repente había que convertir dos DINA2s, unas ideas bajo lema, en un proyecto básico y, más adelante, de ejecución. Mucho trabajo si tenemos en cuenta que sólo para el concurso necesitaron dos semanas de estudio de la normativa. El resultado, están dirigiendo su primera obra. Un proceso de cinco años que habría que explicar, por un lado, desde el punto de vista de la evolución de toda la experiencia, y por otro, desde el punto de vista de lo que proponen.
Con la buena noticia, vienen las primeras consecuencias. Es la oportunidad de establecerse definitivamente como estudio, dejando los trabajos paralelos, pero también hace necesario un crédito bancario, ya que la EMVS paga según se entregan las fases de trabajo. Pero con el premio llegan también la responsabilidad, tomar conciencia de la realidad, aprender sobre la marcha, buscar colaboradores, jóvenes y con experiencia, (que les guste la arquitectura) dispuestos a resolver obras no convencionales, que requieren un esfuerzo extra. Y “de repente” llega la crisis. Con la estructura del edificio ya terminada, quiebra la constructora encargada de la obra y ésta ha estado parada durante dos años. Justo estos días, salió la obra a concurso y se retomará la construcción “en cualquier momento”.
Pasando ahora a lo que propone este grupo de jóvenes arquitectos, se puede decir que son fruto de su ámbito de trabajo, la vivienda social; y de su propia experiencia de la ciudad. Apuestan por “hacer ciudad” en el mundo de los PAU. ¿Qué es lo que se critica de de esta forma de urbanizar? Grandes manzanas de vivienda, poca actividad comercial, la necesidad del coche para todo. Para intentar solucionar estas cuestiones, dentro de sus posibilidades de actuación, no tienen en cuenta sólo al destinatario de sus viviendas, sino también a cualquier peatón que pasee por los alrededores. Su proyecto se inserta en un cuarto de una manzana, en el límite entre el ensanche y la villa de Vallecas. Las viviendas son pasantes y se agrupan dos por cada núcleo de comunicación. El número de núcleos de comunicación se puede considerar elevado (para los estándares actuales de vivienda social), pero lo que buscan conseguir es la sensación de los pequeños edificios de ciudad, y no la de una gran masa de viviendas. Además, en cada planta buscan la relación entre los vecinos. La otra gran apuesta la hacen dentro de las viviendas, con salones que se convierten en grandes terrazas en esquina, sin estructura ni montantes. No sólo se potencia este espacio en la casa como el principal, sino que es una forma de mostrar la actividad a la ciudad. Por último, con ese objetivo de hacer ciudad, no desaprovecharon la ocasión de incluir el local comercial, que muchos otros desprecian, haciéndolo parte importante del proyecto.
Resulta curioso el uso de la palabra apuesta, cuando las preguntas utilizaban la de propuesta. Y, si se piensa, resulta muy acertada, ya que no pretenden proponer a la gente como vivir, sino que son conscientes de que están corriendo un riesgo, ya que no saben como la gente va a reaccionar. Esperan expectantes que finalice la construcción para comprobar la experiencia de la gente, y ver si esas apuestas han resultado ganadoras. Otra curiosidad, será ver cómo se relaciona su edificio con las promociones de vivienda privada con las que comparte manzana.
Si recuperamos la narración del proceso, los años que siguieron estuvieron llenos de menciones y terceros o segundos premios. Todo ello es experiencia de gran valor, “musculatura de concurso” que han agradecido después, pero que en ese momento no pagaba las facturas. El concurso de 97 viviendas en San Francisco Javier en 2008 se podría considerar su último cartucho y se consiguió de nuevo el objetivo. Entre uno y otro concurso hay diferencias; uno antes y otro después de la crisis; uno antes y otro después de la entrada en vigor del Código Técnico de la Edificación. Comentan que ahora, por la falta de trabajo, también es más la gente que se presenta.
La evolución es clara. La “frescura” o ingenuidad de su primer proyecto, han dado paso al pragmatismo fruto del conocimiento que han adquirido sobre el funcionamiento de la EMVS. ¿Se han vendido? Contestan que no, que no renuncian a sus criterios, quizá sí a los “ideales de la escuela”. Lo que cambia es la retórica: ahora saben como contarlo en los términos que interesan a su cliente. Además, en este caso, la empresa hacía un requerimiento especial. Al ser viviendas de realojo, el planteamiento de relaciones sociales que busca este grupo debía quedar en un segundo plano. Como un miembro del jurado les comentó, con esta propuesta pasaban de los objetos espectaculares a apostar por objetos urbanos.
En esta ocasión, comparte una manzana con otro edificio, quedando la medianera paralela al lado más largo de la manzana, de forma que el edificio la “abraza”. De nuevo la percepción vuelve a ser el eje del proyecto. Los grandes huecos, que dan la sensación de un edificio de cinco plantas siendo en realidad ocho las plantas; modificar la alineación; los quiebros de fachada, que ceden el espacio a la ciudad; todo esto son herramientas para conseguir una escala más humana, para transformar los grandes bloques de vivienda, dando al conjunto una escala de barrio. Por otro lado, gracias a la conversión del proyecto en un Plan Especial y la presión de la Gerencia de Urbanismo, sacaron adelante un programa de locales comerciales, considerados por este grupo como básicos para que se consiga regenerar esta zona.
Como parece que para ellos, los tiempos van de dos años en dos años, fue 2010 el año en el que pusieron a prueba su “musculatura de concurso” y ganaron dos seguidos. En éstos continúan poniendo en práctica herramientas y trucos para conseguir la mayor expresividad aplicando la normativa. En su búsqueda de la diversidad en fachada y la escala amable, rompen los volúmenes y los articulan, aparecen los huecos dispuestos en damero y se emplean materiales por su calidez. En las 106 viviendas en Nª Sra. De los Ángeles 8, dan un paso más. Si hasta ahora venimos hablando de llevar la diversidad de la ciudad a los grandes programas de viviendas, en este proyecto no se trabaja sólo el plano de fachada, se incluye el de cubierta. Aparecen dos planos, el de la línea de cornisa, relacionado con la percepción del peatón; y la línea quebrada de los áticos, en el que la libertad es mayor.
Sobre la situación de su ámbito de trabajo, la vivienda de promoción pública, se muestran esperanzados. ¿Cuál es la razón del “divorcio” que existe entre estas viviendas y sus destinatarios? Responden convencidos de que es un problema de falta de elección. La explicación estaría en el concepto del usuario cautivo. Son viviendas que “les tocan”, solamente el paso del tiempo, y la experiencia de la calidad en ellas, puedan hacerles cambiar de opinión. O eso es lo que esperan que suceda en cuento sus viviendas estén en uso. Visto el stock de viviendas tan elevado que tenemos en estos momentos, hay que ofrecer diseño, calidad en el espacio; hay que ofrecer algo diferente.
En resumen, es un grupo joven con muchas ganas de trabajar y de hacerlo bien. No proponen, sino que apuestan por crear ciudad, allí donde la escala se ha descontrolado. Eso sí, conscientes, como son, de que en la ciudad aún hay mucho que cambiar como demuestra su proyecto de Ciudad Bolardo. Hoy esperan el resultado del último concurso en el que participaron. Mucha suerte.








